El silencio de las lagrimas






Sus ojos miraron por última vez como sus pupilas se escondían detrás de las lágrimas. Su rostro se estremeció al sentir la calidez de sus manos mientras sus labios se rozaban suavemente al calor de la hoguera.
El sonido del reloj acompañaba la melodía que las brasas tímidamente entonaban.
Un calido silencio empapaba la habitación de futuros recuerdos mientras la luna observaba desde la ventana, incrédula y melancólica, como el calor de sus corazones secuestraba sus almas por un momento.
Un suspiro rasga la quietud de la noche haciendo temblar las últimas llamas que, como pequeños curiosos, se negaban a retirarse de los últimos restos de madera.

Segundos después nada queda, solo un mundo entre sus manos, quietud en su mirada y una extraña expresión dibujada en su rostro.
El viento vuelve a sacudir la cortina permitiendo que las estrellas iluminen sus desgastados rostros. La sangre reduce su agitado galopar mientras las voces de sus cabezas comienzan a gritar despavoridas.
El olor a humo producido por las ultimas cenizas flota en el ambiente carcomiendo las entrañas del destino. Un frío viento entra ahora por la hendija de la ventana inundando la casa de recuerdos olvidados y momentos malgastados.

Nada importa ahora, solo el futuro, individual y único... y el recuerdo de un intento por llegar a ser lo que aquella vieja noche de otoño, tirados sobre el pasto, se prometieron mutuamente...







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Recuerdos






El recuerdo de las muchas canciones desafinadas, o no, que cantamos bajo las lluvia de la ducha escondida entre alguna que otra lágrima. Esos hermosos amaneceres que te agarran sobrio y rodeado de gente con la que vale la pena celebrar el inicio de un día mas. Esas charlas con amigos a altas horas de la noche y que de alguna mantera abren un nuevo abanico de sentimientos y posibilidades ante tus ojos.
Esas tortas fritas hechas por la vieja con todo el amor y cariño que ella solo sabe dar en una lluviosa tarde de domingo. El descubrir esa banda de rock que se escondía tras los viejos papeles del anonimato y tener la suerte de tener esos recuerdos que salen a flote con una mirada o una sonrisa de esa personita especial.

Disfrutar de la eterna búsqueda de la excelencia en lo que sea que creas que valga la pena ser excelente reconociendo, a su vez, que la perfección no existe y que las utopías suenan románticas pero no son mas que eso. Recibir y poder decir muchos "te quiero" de corazón, bien intencionados, justos y merecidos sin olvidar nunca el valor de las pequeñas cosas y el poder de la simpleza de una mañana que te encuentra enredado entre las sabanas y los brazos de quien queres.

Entender por revolución un cambio que mejore cualquier cosa por insignificante que parezca. Mucho positivismo y entusiasmo por mas que a veces sientamos que caminamos sobre suspiros. La satisfacción de sentirse bueno en aquello en lo que te gusta y ser recompensado por ello por aquella persona de la que menos te lo esperabas.
Muchos viejos amigos recuperados de entre las polvorientas páginas del recuerdo que, como mariposas entre las hojas, aparecen después de años y te charlan como si nos hubiésemos visto ayer.

Muchas "propinas", "gracias" y "de nadas" a aquellos que se lo merecen. Mucha gente a la que desearle de corazón un feliz cumpleaños. Poder sentir muchos abrazos apretados que, si bien duran segundos, quisieras que sean eternos mientras se graban para siempre en lo mas hondo de tu alma.

Convertirte en esa persona que siempre dice "hola" al llegar a donde sea sin importar quien responde. Muchas sonrisas regaladas a los niños que pasan en ómnibus escolares con cara de susto camino a su primer día de clase. El poder encontrar un gatito en la calle y devolverlo al dueño solo para verlo al otro día caminando por la casa de la que se perdió. Hacer nuevos amigos pero que solo ayuden a valorar a los de siempre.

Comprender el valor que encierra la capacidad de aceptar ayuda y de darla. Conocer mucha gente que piense, sin equivocarse, que en vos sus secretos están bien guardados y que, viniendo de vos, un "te lo prometo" no es una frase vacía. Un coro que precise de tu voz, una planta o un perro que solo exista gracias a vos y una persona que al menos piense que no puede vivir sin vos.

Una lagrima de alegría al terminar de escribir el "resumen" de algunos de los momentos lindos que el pasado año te regalo y el saber que cada día que pasa es un regalo hermoso que tiene que ser vivido con plenitud...







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Reflejos (II)







Era un cálida mañana de otoño, el sol brillaba alto bañando de un tímido calor las calles de aquel antiguo pero acaudalado pueblo. Las caducas hojas de los árboles cubrían las amplias veredas de la ciudad formando una manta que, como un cantante callejero, deleitaba los oídos de las pocas personas que caminaban por aquella zona.
Una fresca pero tolerable brisa pintaba pequeños remolinos de hojas muertas mientras las primeras parejas de ancianos dejaban sus hogares para emprender sus lentas caminatas matutinas.
Los niños salen apresurados para alcanzar el bus que los lleva directo al colegio mientras el ronronear de los automóviles estacionados sobre las aceras esperan impacientes comenzar su rutinaria ruta hacia el centro del pueblo.
Lentamente el pueblo entero comienza a respirar y disfrutar del calor de aquellos primeros rayos de sol que los árboles dejaban pasar entre sus ramas.

Aquel pequeño pueblo, de no mas de trescientos mil habitantes, era por muchos motivos uno de las regiones mas codiciadas de este viejo país. Sus amplias y robustas casas eran el objetivo de muchas personas. Su construcción, como la del pueblo en si, data de finales del siglo XVII dejando en evidencia una arquitectura antigua, clásica del antiguo viejo continente, que mezclada con la conservación de muchas de las antiguas tradiciones regionales forman un ambiente mítico que es a su vez acogedor y desolado.

Uno de sus principales atractivos, además del antiguo río Hmenigway bordeando el pueblo, era la mansión Borwer. Ubicada al pie de una arbolada colina se encuentra una amplia casona construida sobre una base de piedra y encerrada por un gran cerco de arbustos. Su gran fachada e imponente altura hacían de ésta el orgullo del pueblo y el atractivo de muchos turistas.

Según cuentan los rumores (clásicos en todo pueblo donde sus habitantes tienen generaciones viviendo en el) la casa pertenecía a una pareja de ancianos que, solamente con la venta de vidrios y espejos artesanales, fueron levantando piedra por piedra y viga por viga una de las casas mas cotizadas de la región.
Según se dice un poco usual día de abril vino un extraño visitante al pueblo que, vestido con una oscura gabardina y unas negras y desgastadas botas, golpeo directamente la puerta, hoy en día esta completamente cubierta por el polvo y las enredaderas, y ofreció una generosísima suma de dinero no solo por toda la producción de cristales que allí se encontraba sino por toda la casa.
Lo que mas sorprendió fue el inmediato y rotundo “no” de parte de aquellos ancianos que, si bien les estaba yendo relativamente bien en sus negocios, aquella suma era varias veces mas lo que en aquel momento valía todo su patrimonio.

Pocos días después de la visita de aquel individuo no se volvió a saber nada de los ancianos pero lo que realmente causa intriga y añade leña al fuego del mito es que nadie volvió a entrar en aquella vieja casona, no porque no se quisiera, sino porque parecía haberse cerrado como una planta carnívora dejando atrapado en su interior el misterioso aire que envuelve la desaparición de los Borwer.



Fragmento de "Reflejos" por quien escribe...







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Fragmento escondido






El tiempo corre abrasivo por sus venas mientras vertiginosas olas de recuerdos invaden la quietud de su joven corazón. Indiferente y solitario el fantasma de la noche vuelve para transportarlo lejos de este mundo mientras el vapor de su respiración impregna de una falsa calidez su rostro.
Todos los pasos retumban a su lado, un colage de risas y llantos se apoderan de su mente recordándole que no es más que la sombra de quien solía ser. Su gastado cuerpo encierra un alma lastimada, carcomida por las lágrimas y abusadas por el dolor... y los años siguen pasando, uno tras otro, impasibles, mientras observa como el destino lanza los dados sobre aquel viejo tablero de madera...

El viento sopla fuerte afuera mientras la noche tiñe de negro su esperanza. Una larga cola de almas vencidas esta parada frente a su puerta... pero el nunca les abre. Cuanta esperanza podemos sostener en nuestras manos? Cuantos recuerdos seguiremos escondiendo bajo la alfombra?
Nueves grises cubren el horizonte mientras ella nace cargando sobre sus hombros el recuerdo de una madre que nunca conocerá. Alma que con el paso del tiempo se ira perdiendo en la denso magma del olvido mientras el vacío de su corazón masticara sus sentidos aquella noche en que decide acostarse con aquel hombre por dinero. Cuan lejos quieres llegar hoy? Le dice al oído mientras posa sus manos sobre su tierno cuerpo... tan lejos como Ud. quiera, dice ella mientras baja el cierre de su pantalón.

La ironía se posa cuatro calles abajo cuando una cansada ama de casa decide que tuvo suficiente de esta vida mientras toma la tijera que le regalo su madre y la posa sobre su garganta. Cuantas veces mas seguiremos siendo victima de nosotros mismos? Cuantos años mas seguiremos esperando para ser uno con la vida?
Estrellas fugases cargadas de deseos olvidados viajan distantes sobre nuestras cabezas llevándose consigo la esperanza de generaciones. Noches solitarias, recuerdos apagados, corazones marchitos y almas encogidas son algunos de los vestigios de una humanidad agobiada por la desazón y el desengaño.

Pero el sonríe seguro mientras recuerda las palabras de su padre: ...siempre una estrella brilla más que las otras...








Fragmento de algo que escribí hace unos años, lo encontré en la hoja de atrás de un cuaderno me calculo II...







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Recuerdos presentes







A lo lejos tres pequeños gorriones se esconden en un maltrecho nido mientras sus padres, incansables, bajan a buscar algo con que alimentarlos.
Mas atrás, el tenue pero acelerado jadear de un joven terrier hace que, involuntariamente, una pequeña sonrisa se dibuje en mi rostro mientras una vieja bicicleta pasa a mis espaldas acompañando el tenue cantar que las danzantes copas de los árboles emiten al compás del viento.

Nada se pierde, todo se conserva...

En el horizonte una joven pareja camina tomada de la mano observando el dulce cortejo entre dos palomas segundos antes de besarse cálidamente mientras la estrepitosa explosión del combustible dentro de los pistones de un viejo Leyland rompe el encanto trazando una línea invisible en el tiempo, irrumpiendo de la misma forma que una gota irrumpe sobre la superficie del agua… un segundo muerto e imperceptible... un escape en el infinito...

Desde lejos un veterano profesor observa por la ventana como un grupo de gaviotas dibujan una disforme V sobre la incandescente superficie de un sol amarillento... mientras una parejita de niños juguetean inocentemente a sus espaldas.
Risas y llantos caminan de la mano escondidos tras las paredes del tiempo mientras en algún lugar del mundo una madre contempla su creación y sonríe pensando en el limite entre lo real y la fantasía, entre lo simple y lo complejo, entre lo majestuoso y lo trivial...

Nuevamente el mar se une al coro de árboles mientras los cansados pero uniformes pasos de un deportista hace volar despavoridas las ultimas palomas que el moribundo día alberga.
El reflejo del sol sobre el mar pinta un triangulo sobre la rugosa superficie del agua mientras varias almas observan su unión con el celeste cielo. El grito de un grupo de niños corriendo en la arena hace que las moléculas del aire se desplacen velozmente hacia mi solo para chocar contra las membranas de mi oído y hacerme creer por un instante que escucho el susurro de su alegría.


Nada se pierde, todo se conserva...

El mar susurra, el viento canta, el cuerpo siente mientras un anfiteatro de sueños emerge de entre nosotros...





"El mundo es un escenario y la gente simples actores" - William Shakespeare







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Reflejos (I)







El agua caía apacible y uniforme mientras ella controlaba la temperatura hundiendo la primera falange de sus dedos y dibujando un círculo imperfecto sobre la fresca superficie del agua. Un suave aroma, similar a talco de bebe, cubría la las baldosillas de la habitación dejando al descubierto una presencia etérea y sutil.
Un radiante rayo de luz atravesaba los vidrios de la ventana formando un trapecio informe sobre el reluciente piso del baño.

Una vez llena la bañera cerro el grifo. Corrió la cortina hacia su izquierda produciendo una suave sombra sobre la bañera, luego abrió una pequeña hendija en la ventana por la cual entraba una suave brisa primaveral mientras suspiraba al oír el cantar de los gorriones del parque.
Exhalo todo el aire que sus pulmones habían contenido y dejo caer su vestido al suelo.
Se miro al espejo por un segundo. Primero su cuerpo y luego su propio rostro. En este ultimo se detuvo un buen rato mientras el sonido de las ultimas gotas estrellándose sobre la tensión superficial del agua pintaban de notas negras el pentagrama de sus ojos.
Algo parecía no estar bien, o al menos no en su lugar... pero sin saber exactamente qué, tomo el jabón del lavamanos y sin quitar la vista del reflejo de sus propios ojos lo lanzo a la bañera.

Lentamente se fue introduciendo al agua. Primero su pierna izquierda luego la derecha... luego todo su cuerpo. La temperatura del agua era ideal.
Hundió sus manos bajo el agua y formo un hueco el cual llenó de agua. Lo miro un instante y lo vertió sobre su pecho.
Mientras se enjuagaba su vista se volvió a cruzar con el espejo. Era como si esa pequeña falsa ventana la llamara... pero nada había ahí.
Tomo el jabón de entre sus piernas y procedió a refregarlo entre sus manos. En eso el cantar de los gorriones había cesado dando lugar a un silencio similar a los que se dan en los campos de concentración antes de un ataque aéreo...

El jabón ya había producido suficiente espuma entre sus manos por lo que procedió a limpiarse la pare superior de su joven cuerpo. De pronto una fría presencia cruza la habitación susurrando algo a su oído y haciéndola girar bruscamente su cabeza hacia el espejo. En él un demacrado y reseco rostro la observaba con los ojos desmesuradamente abiertos. El color casi violeta de su fina y gastada piel junto con unos pocos blancos cabellos y unas casi negras ojeras hacían que aquella fantasmal figura llenara de terror al mismo Lucifer.
Una provocativa pero a su vez tenebrosa sonrisa dejaba al descubierto una violeta y reseca encía de la cual colgaban unos pocos dientes. Pero mas aya de su tenebroso aspecto fue la expresión de su rostro la que hizo que la joven Sahara se erizara de pies a cabeza. Una expresión de deseo, locura y desesperación fueron la razón por la cual sintió que su corazón se detenía por un instante haciendo que su cuerpo no responda a las órdenes del cerebro.

Apenas cobro el sentido, pestañeo... pero en el instante que abrió los ojos aquel rostro ya no se encontraba allí...







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Persiguiendo sueños






Sentado frente al monitor de su vieja computadora comenzó a escribir sus más sinceros pensamientos. La tenue luz de su escritorio y una suave melodía de fondo, era todo lo que precisaba en ese momento.
El sonido de las teclas resonaba en las distintas habitaciones de la casa mientras el humo de su te dibujaba distintas figuras que, como pequeños fantasmas, desaparecían constantemente del rabillo de su vista.

¿Porque me haces esto? pensó en silencio ¿Es que acaso no te importa lo que siento? Dijo para si mientras seguía torturándose con su lectura.
Una tímida lágrima limpió el cristal de sus adoloridos ojos mientras el sonido de la púa contra el vinilo sonaba a sus espaldas.
Miró a su lado buscando una respuesta, pero nadie le respondió, ni siquiera esa melancólica voz que tantas veces había sabido guiarlo en momentos como estos.

Las horas seguían pasando mientas sus dedos, poseídos por el dolor, seguían golpeando con una triste violencia las teclas de su Macintosh.
¡Mírame a los ojos y dime lo que sientes! le grito a la pantalla en un repentino ataque de furia. Pero otra vez el silencio se reía a sus espaldas mientras la oscura noche lo recogía es sus brazos como a un niño abandonado.

Perdido en sus recuerdos se paro lentamente de su silla, miro por la ventana y vio como una redonda y amarillenta luna rodeada de diminutas estrellas iluminaba la copa de los árboles más altos mientras estos danzaban suavemente al compás viento.
Tomo la púa del tocadiscos y la movió hacia el centro. Una suave vos femenina comenzó a entonar una dulce pero melancólica melodía mientras el se volvía a acomodar frente al monitor.

Leyó lo que había escrito y mientras tomaba los últimos sorbos de su te cerro aquel documento. ¿Desea guardar los cambios? Mostraba su pantalla. Volvió a mirar para afuera y, mientras una gris y pequeña nube pasaba junto a la luna, pulso "No".
Apago el equipo y quedo sentado solo en la oscuridad de la noche mientras la luna dibujaba el contorno de su silueta en la silla.
¿Nunca me dirás lo que piensas, no? Dijo para si mientras otra lágrima corría por su mejilla.
No importa, yo siempre te querré, murmuro en vos baja mientras se acobijaba en su cama...







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Perdido en el tiempo







Sentado en el viejo banco de la estación esperaba una razón para regresar, pero todo lo que encontró fueron razones para no hacerlo.
Miro a su lado y la noche cubrió sus ojos. El silencio de sus tormentos acuchillaba su garganta mientras el suave repiqueteo de las gotas de lluvia golpeaba tímidamente el cemento de la calle.
Aquellas bestias de vapor pasaban a su lado, indiferentes, salpicando de barro los pedazos de sueños que había dejado derramar entre sus pies. Nadie notaba su presencia. Nadie notaba su ausencia. Nadie notaba sus temblorosos dedos entrelazados con fuerza sobre sus piernas. Nadie nunca notaba nada.

Nadie pregunto donde se encontraba o a donde había ido, pero el seguía buscando una razón para volver. No era más que un fantasma olvidado por el tiempo. Un fantasma al cual nadie temía y del cual nadie esperaba nada.
Levanto la vista y vio como un pequeño niño lo observaba desde lejos. Un niño perdido en la inmensidad de la noche, un niño que, como él, no tenían una razón para volver. Se miraron fijamente durante un largo rato antes que aquella pequeña sombra retomara su lento andar.
El lo siguió con su mirada hasta que la oscura noche lo devoró lentamente haciéndolo desaparecer como a esos sueños que vamos dejando de lado a medida que crecemos.

La lluvia se hizo mas fuerte minutos antes de detenerse. Un silencio ensordecedor y un húmedo calor característico de las noches de noviembre se apoderaron del ambiente.
Sus dedos comenzaron a liberarse de la presión que se ejercían mutuamente. Seco sus ojos y acomodo su cabello. Miro a su izquierda y, mientras el cielo comenzaba a aclarar, pudo ver claramente como su destino se aproximaba. Puso sus manos en los bolsillos, bajos su vista y emprendió su andar.
El ruido de sus gastados zapatos contra el pedregullo era todo lo que se escuchaba, eso y el lejano martillar del pasado.
Miro al horizonte, subió el cuello de su campera y comenzó a caminar.
Nunca más nadie volvió a notar su presencia. Nuca mas nadie volvió a olvidar el recuerdo de su ausencia.








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Velas






Enciende una vela por cada lágrima que derramaste y otra por cada lagrima que hiciste derramar. Escribe en un papel todos tus miedos, abre tu ventana y lánzalos al cielo. Deja que la luna y las estrellas los atrapen y los guarden lejos de tu corazón.
Respira hondo y pídeles un deseo, pero no cualquier deseo, solo aquel que nació contigo y que llena tu alma. Cierra tus ojos, piensa en tu familia, en tus amigos, en las risas compartidas, en los buenos momentos y en los que quedan por venir y guárdalos bien adentro.
Sopla con fuerza la llama de las lágrimas. Mírame a los ojos, cuéntame un cuento en el cual estemos solos tu y yo. Veras que la luz ahora es mucho mas intensa. Déjame encerrarte entre mis brazos, sentir tu cariño, tu calor. Déjame esconderme entre tus besos. Déjame acariciarte mientras tus palabras dibujan mis sueños. Déjame amarte como si fuese el último día de nuestras vidas. Deja volar tu imaginación, deja aflorar esa sonrisa. Porque solo así podrás dejarme vivir por siempre en tu corazón...







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Demián







Saboreando mi alegría, emprendí el largo camino hasta mi casa en la fría noche otoñal. Aquí y allá tropecé aun con estudiantes que se retiraban a dormir alborotando y haciendo eses. Muy a menudo había comparado su singular manera de divertirse con mi vida solitaria, unas veces con cierta envidia y otras con desprecio. Pero nunca había sentido como hoy, con plena serenidad y secreta energía, cuan poco me atañía aquello y cuan lejano y perdido era para mí aquel mundo. Me acorde de los honrados filisteos de mi ciudad natal, viejos señores rebosantes de dignidad que conservaban los recuerdos de sus años estudiantiles como la memoria de un bienaventurado paraíso y consagraban a la perdida “libertad” de aquellos años un culto como el que los poetas y otros románticos dedican a su infancia. ¡En todas partes sucedía lo mismo! Todos los hombres buscan la "libertad" y la "felicidad" en un punto cualquiera del pasado, solo por miedo a ver alzarse ante ellos la visión de la responsabilidad propia y del propio singular camino. Durante un par de años alborotaban y bebían para someterse luego al rebaño y convertirse en señores graves al servicio del Estado. Era verdad lo que Damián afirmaba: nuestro Mundo estaba carcomido, y esta estupidez estudiantil era aun menos estupida y menos despreciable que cien otras.

Pero al llegar, por fin, a mi apartada vivienda y encerrarme en mi alcoba, todos estos pensamientos se habían desvanecido y todo mi espíritu esperaba suspenso el cumplimiento de la promesa que aquel día me había traído consigo. Tan pronto quisiera, mañana mismo, podía ver a la madre de Demián. ¡Que me importaba que los estudiantes bebieran y se tatuasen, ni que el Mundo estuviera carcomido y próximo a derrumbares! Yo solo esperaba que mi destino se me apareciera con una nueva imagen.

Dormí profundamente hasta muy entrada la mañana. El nuevo día amaneció para mí con una festividad solemne, de aquellas que no había vuelto a vivir desde mis Navidades infantiles. Una intima agitación invadía todo mi ser, pero sin mezcla de temor alguno. Sentía que había comenzado un día decisivo para mi y veía y sentía transformado el Mundo en torno mío, expectante, comprensivo y solemne. También la mansa lluvia otoñal se me antojaba bella, serena y dominguera, plena de una musicalidad gravemente gozosa. Por primera vez se fundían para mi el mundo exterior y el interior en una pura armonía, fiesta del alma que hace amable la vida.
Ninguna casa, ninguna ventana, ninguna de las caras que encontré en las calles me fueron desagradables; todo era como debía ser, pero no mostraba la expresión vacía de lo cotidiano y habitual: era naturaleza expectante, respetuosamente pronta al destino. Así había visto yo de niño el Mundo en las mañanas de las grandes festividades, en las mañanas de Navidad y Pentecostés. No sabía ya que este Mundo pudiera ser aun tan bello. Me había habituado a vivir abstraído en mi mismo y a aceptar resignado haber perdido el sentido de lo exterior, suponiendo que la perdida de los vivos colores del Mundo visible se hallaban inevitablemente enlazada a la perdida de la infancia y que la libertad y la virilidad del alma habían de ser pagadas, en cierto modo, con la renuncia a este suave resplandor. Ahora advertía encantado que todo aquellos había estado simplemente oscurecido y cubierto de cenizas, y que también el hombre que se ha liberado y ha renunciado a la dicha de la infancia puede ver resplandecer el Mundo y gozar las intimas delicias de la visión infantil.


Fragmento de "Demián" de Hermann Hesse







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Realidades







Destellos de un mundo imperceptible se esconden entre sus finos dedos mientras los fantasmas de un recuerdo muerto desgarran el papel que vive bajo su grafo.
La luz de la luna contempla con anhelo el brillo de sus lágrimas mientras estas corren lentas al encuentro de sus memorias.
¿Cuantas veces mas seguirás cerrando esa puerta mientras ves tu rostro muerto reflejado en el espejo de tu cama?

Muchas almas rotas cuelgan ya de su pecho, muchas horas han visto pasar sus ojos mientras esconde sus pesares entre cigarros y fuertes bebidas.
Los ángeles solo buscan a quien cree en ellos, sabes?... pero el diablo no hace distinciones, le dijeron una vez, pero ella nunca lo escucho.

El suave viento acaricia las copas de los árboles mientras sus irritados ojos danzan al compás de las hojas. Sírvete otro vaso, todavía estoy acá! Le dice...
El sonido de los hielos chocando contra el vidrio retumba sobre las paredes de aquel santuario dejando lugar a un frío seco que carcome sus huesos desde adentro mientras las hojas consumen el grafo de su pequeño lápiz.

Momentos y recuerdos que la miran desde lejos, como ajenos, como si le pertenecieran a alguien mas ¿Quien sos? grita, mientras una niña llora solitaria bajo la mesa...
Palabras, rostros y voces se esconden detrás de las cortinas. Fantasmas del pasado que solo viven en su mente y el sonido de los pasos que retumban contra el piso como si corrieran a esconderse de un destino nefasto.

Y él que nos apura y nos impulsa a seguir su andar. Ella entregada a su voluntad, con los ojos vendados mientras el frío viento de la noche golpea las ventanas dando paso al fantasma de lo incierto... al fantasma de quien eras... al fantasma de quien querías ser...
"¡Nunca mires atrás!" le dijeron... "el recuerdo es la sombra de quien fuiste" grito con mas énfasis... y ella que otra vez no lo escucho...









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Quemando cenizas...






Lagrimas corren solitarias mientras el tiempo afila sus cuchillas y el cinismo del reloj clava cada vez mas profundo las estacas del olvido.
Sus candentes ojos de fuego iluminan la oscuridad de un camino cuyas desembocaduras y cruces siempre terminan en un mismo lugar, un rumbo fijo abriga los momentos y recuerdos de un tiempo pasado mientras los querubines caminan de la mano de la muerte y el cielo arde en llamas de sangre congelando nuestra alma y llenándola de un vacío inexpugnable.

Y los niños corren en las calles mientras un avión se estrella en el desierto y los amantes arden bajo sabanas blancas mientras ella llora bajo la luz de la luna. En Rusia se estudia un nuevo cometa que años mas tarde se estallará en la tierra y el hijo de un cura descubre la coca mientras en Bosnia otro niño muere desnutrido tres minutos después que una veterana se hace la lipo del otro lado del mundo... y una madre da a luz un hijo muerto después que su hermana intentase suicidarse y una pareja compra el apartamento en el que pasaran el resto de su vida, mientras alguien escribe palabras que esconde en un libro que nunca nadie leerá.

El frío silencio de su respiración corta como navajas las ilusiones de las abatidas almas mientras sigue avivando la llama de nuestra desolación con sus carcomidas manos.
Nada existe ante los ojos del hipócrita. No hay vida ni muerte, ni ángeles ni demonios... nada existe ante los ojos del destino... solo el eco de su risa retumbando sobre nuestros cansados párpados.
Las campanas suenan a lo lejos en un embalsamando pueblo fantasma. Falsas esperanzas llenan la botella de los sueños que, apoyada sobre almohadas de pluma, no hace otra cosa mas que cristalizar las lagrimas de amor, único oponente digno y que en muchas ocasiones a sabido batallar a la luz de su sombra...









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Obligaciones






Los 6 soldados tomaron sus sobres de la mesa, estaban cerrados y tenían varios sellos por fuera. Rompieron el envoltorio y sacaron de su interior una cartilla que contenía un nombre, varios números, una de entre seis regiones del cuerpo: cabeza, corazón, pulmón izquierdo, pulmón derecho, estomago y bajo vientre, y por ultimo varias firmas y mas sellos.

Luego de observar sus cartas, se dirigieron a una pequeña sala blanca manchada de nombres; nombres escritos en sangre que gritaban mudos escondidos bajo la hipocresía de la pintura blanca.
Una larga y angosta mesa metálica se encontraba en el centro de la sala. Su superficie rayada y maltratada trasformaba aquella pequeña habitación en un pequeño quirófano de sueños rotos, solo que faltaba la anestesia y las ganas de salvar vidas.
Al fondo una gastada y vencida vitrina cargada de rifles de alto calibre colgaba de la pared.
Cada soldado, dependiendo de la región del cuerpo que le indicase su carta, tomaba un arma en particular. Por ejemplo: al que le había tocado "bajo vientre" tomaba una carabina cuya bala media varios centímetros de largo y un tirabuzón tatuado alrededor de toda la munición.
Indiferentes y sin mirarse unos a otros armaban sus armas sobre aquella larga mesa de metal. El frío eco de metales chocado entre si formaban una nueva versión de la marcha fúnebre mientras las agujas del reloj marcaban mas de las 8 de la noche.

Una vez que todos terminaron de armar sus armas y realizar ciertas verificaciones se movilizaron al sector superior donde se encontraba el depósito. Un olor a encierro y humedad inundaba el ambiente de aquel viejo templo olvidado por el tiempo. Uno de los soldados se adelanto al resto y sin decir una sola palabra abrió una pequeña caja fuerte cuya combinación se encontraba en cada una de las cartillas ya mencionadas. De ella saco seis balas, todas en una pequeña bolsa de nylon rotulada con el nombre de "Hernan Rose". Repartió cada una a quien corresponda dependiendo del calibre y el tipo de arma que portase, cerro la caja casi con una gentil violencia y abandonaron aquel funesto lugar.

Una expresión fría y muerta se escapaba por esos seis pares de ojos. Rostros marcados por la hoz de la parca y bocas incapaces de sentir el calor de un beso resultaban en almas resecas y corazones resquebrajados.
Recargaron sus armas y luego de subir varias escaleras y traspasar varios corredores entraron a una habitación cuyo número de puerta también se encontraba en la carta. En este caso: 06.

La puerta daba a una habitación sin techo pero con un buen enrejado de gruesas varillas y alambres de púas. Sus gruesas paredes de concreto encerraban un olor a cloro y otros abrasivos baratos que inútilmente trataban de opacar el olor a sangre y pólvora.
Un hombre alto y delgado, vestido con un mameluco anaranjado y un numero de 8 cifras dibujado en el pecho, se mantenía parado en el fondo de la habitación mientras potentes focos dibujaban sus sombras en aquel solitario piso.
Mantenía su cabeza gacha, las manos atadas a su espalda, sus pies apresados al piso y la cabeza tapada por una bolsa de tela negra la cual se movía al compás de su agitada respiración.
Uno de los soldados lee el nombre de su carta en voz alta esperando una confirmación que nunca llegaría.
Los 6 soldados se paran en línea uno al lado del otro frente al abatido y solitario hombre según una línea amarilla pintada en el piso.
El sonido del silencio taladraba los oídos. El martillar al unísono de las seis armas quebranta aquella quietud produciendo un eco que alimentaba a todos los demonios que se encontraban alrededor del sentenciado.
Unos segundos más tarde éste cae desplomado contra el suelo con seis heridas letales en las partes más vitales de su cuerpo.
Los seis soldados dejan la habitación mientras el eco de los disparos todavía resonaba contra las paredes...

Hernan Rose había sido sentenciado por el asesinato de su esposa y su pequeña hija de 3 años. Lo que nadie sabe es que en ese momento Rose se encontraba caminando hacia la plaza con un libro titulado "El seis de diamantes".







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Heroes






Hay que guardar un cierto orden. Me refiero a un orden de prioridades. Algunos de los chicos no lo han conseguido. Algunos de los chicos se han muerto y otros están en camas de hospital esperando. Como esa chica a la que todo el mundo quería, que murió en menos de dos semanas. Sabes que se muere el chico alto y rubio, muy delgado que había pasado dogas desde Holanda, y había robado coches y que había estado a punto de morir cuando una pareja de portugueses le machaco la cabeza con una pistola que ahora espera en una cama con la dignidad de un general fusilado. Un chico alto, rubio y delgado que preguntaba siempre por la próxima fiesta. Nunca pensé que tuviese que mirar a la cara a tantos chicos muertos.
Hay una nueva desgracia esperando en el pasillo, y ha venido para quedarse. En cualquier caso conviene aclarar que si no abro la puerta no es por eso. Hay un millón de maneras distintas de joderlo todo definitivamente y ninguna me gusta más que la otra. Estos no son los días de las victimas. De alguna manera estarán en mis canciones. Como los pasos de todos los perros están en las huellas de un solo perro. Si me preguntan a mi, te diré que no me gustan como están las cosas, pero tampoco tengo intención de entrometerme. Por ahora solo quiero estar encerrado. No quiero volver al colegio de los idiotas, ni a la universidad de los idiotas, ni a la fábrica de los idiotas. No quiero ser el dueño de una sonrisa navegable. Vístete con lo mejor que tengas y corre a tu cuarto. Nadie puede sacarte de allí. Nadie puede entrar en tu cuarto, nadie puede entrar en el mío. La contraseña cambia cada vez que intentas recordarla. Las ventanas son negras. Las paredes son de piedra. El ascensor esta roto y las escaleras van desde el sótano hasta le tejado sin dentarse aquí. Échate a dormir, te avisare cuando pase algo. Solo saldremos cuando halla una buena fiesta. Cuando estemos todos cantando algo grande. Dios sabe que somos buenos. Cuando nos sentaban a todos en el patio del colegio sabíamos que las canciones estaban equivocadas, peo también sabíamos que las voces no lo estaban. Confiábamos como niños, esperábamos intranquilos como niños. Muchos se dejaron engañar como niños. Los demás están encerrados en mi cuarto. No miramos hacia arriba porque no se nos ha perdido nada en las estrellas, todo lo que tenemos esta tirado en el suelo. Las niñas de las zapatillas de colores son inmunes a vuestros presagios. Todo cambia muy deprisa y hay que ser un lince para atrapar al mentiroso. Puede que no sea verdad ahora, pero también puede ser que te frían en la silla por todo lo que estas jurando esta semana. Si me preguntas a mi te diré que solo quiero chicas bonitas y cerveza. No quiero más años de los que pueda manejar con una sola mano. Puede que solo este dando vueltas pero no creo que tú puedas hacer un remolino mejor. La chica rubia a pasado toda la tarde en el cine pero no ha encontrado a nadie que le diga que es lo que tiene que hacer. Ha pagado su entrada y a pegado los ojos a la gran pantalla. Dos mil soldados desfilan por las calles de Paris pero esta tan sola como al principio.
Se esta volviendo todo tan aburrido que cualquier pequeño asunto doloroso con un chico de otro edificio parece bueno. Después se da cuenta de que todos los dedos dejan huellas y entonces llora, y se pone a buscar a alguien que de verdad se lo merezca, y después de mirarse desnuda y de recordar todos los nombres de hombre que conoce, se pregunta ¿Hay vida en Marte?


Fragmento de el libro "Heroes" de Ray Loriga







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El libro negro







Ahora que pienso en ello, no sé por qué, pero imaginaba de otra forma al dueño del Libro Negro. Desde luego, no esperaba encontrarme con un hombre fuerte y entrado en años, con algo que me recordaba a los tenderos de antes: uno de aquellos personajes de mandiles a rayas que conocían el nombre de sus clientes y que atendían el mostrador con un lápiz detrás de la oreja. Y, sin embargo, un hombre así fue quien respondió a mis llamadas.
-El Libro Negro - dije simplemente -
-¿El Libro Negro? - me miró con expresión perpleja.
-El Libro Negro - asentí, sin dejarme confundir por su falsa ignorancia - usted lo tiene.
Dudó un par de segundos, estudiándome pensativamente. Luego, con un gesto, me franqueó el umbral de su casa. Aquel hombre vivía con modestia, en un piso interior de paredes empapeladas. Le seguí hasta un salón minúsculo y sombrío, abarrotado de viejos muebles oscuros y macetas con plantas de interior. Me señaló una silla, cerrando los visillos de la ventana. Con el índice, se ajustó las gafas de gruesos cristales.
-Poca gente ha oído hablar del Libro Negro.
Acepté ese hecho con un vaivén de la cabeza.
-La primera vez que supe del Libro Negro, fue hace casi veinte años - entonces, recordé mis buenos modales -. Disculpe por presentarme de esta forma en su casa. Desde que tuve la certeza de que el libro existía, he dedicado mucho tiempo a descubrir su paradero, y no ha sido nada fácil.
Por supuesto, usted no sabe nada sobre mí y... Me interrumpió con un gesto, dando por buenas mis explicaciones.
-No soy bebedor, pero puedo ofrecerle un café.
-Gracias – decliné -, pero no se moleste por mí.
-Bien, un minuto.- y se marchó por el pasillo.
Cuando volvió, sentí que el corazón me daba un vuelco. Entre las manos traía un tomo grueso y grande, como esos volúmenes que vemos expuestos tras las vitrinas de los museos y que solemos asociar con la antigüedad.
-El Libro Negro - dijo con cierta solemnidad, y lo depositó sobre la mesa.

Estudié atentamente el tomo. Le señalé las tapas de madera.
-Había oído, ejem – carraspeé -, me habían dicho que estaba encuadernado en piel humana.
-Piel humana, ¿eh? - volvió a ajustarse las gafas con gesto divertido -. A la gente le gusta exagerar. La actual encuadernación data del siglo XV y está realizada con planchas de madera, como puede usted comprobar. Los folios son de muchas épocas; pero, hasta donde yo sé, todos son pergaminos vulgares.
Se sentó frente a mí, colocando el libro entre ambos.
-Bien – dijo -, antes de nada y para evitarnos equívocos, ¿sabe usted que es exactamente el Libro Negro?
-Por lo que conozco, el Libro Negro es una especie de libro de honor, una especie de cuaderno de autógrafos, muy antiguo y dedicado a una clase de gente en particular.
-Correcto - abrió el libro -, el primer folio está rubricado por Marco Cómodo Antonino, un emperador romano...
-Sucesor de Marco Aurelio - le atajé- y famoso por su crueldad.
-Así es - pasó el folio -, inmediatamente tras él, tenemos varias anotaciones de la misma época, de personajes mucho menos conocidos, pero igual de feroces que Cómodo. Así fue como se creó el libro Negro. Yo se lo iré mostrando: algunos pergaminos tienen muchos siglos y hay sellos de cera que se deterioran con mucha facilidad.
Comenzó a pasar lentamente las hojas. Folios y folios repletos de sellos, rúbricas y dedicatorias.
-Unos son personajes históricos, otros fueron famosos en su tiempo y algunos pasaron desapercibidos incluso en su época. Todos eran personajes sedientos de sangre, de una u otra forma.
-Hay algo que me intriga: parece difícil creer que tanta gente aceptara estampar su firma en un libro que es como un recuento de asesinos.
Aquel hombre volvió a sonreír divertido.
-Usted subestima la vanidad de la gente. Considere que estas páginas están rubricadas, de puño y letra, por emperadores, reyes, estadistas, figuras históricas y algunos ilustres desconocidos. La posibilidad de firmar el Libro Negro se le ofrece a muy pocas personas; es como un club muy exclusivo y, por tanto, su ingreso en él es un honor muy codiciado.
-Curioso.
Creo que pasamos horas ojeando el Libro Negro; su propio dueño, que debía conocerlo de memoria, acabó girando su silla para poder leerlo a la par que yo. Había inscripciones de todos los siglos y lugares, en una docena de alfabetos.
-Observará- me comentó- que las anotaciones del final, las de este siglo,
son mucho mas abundantes.
-Ha sido un siglo sangriento - admití...

Fragmento de "El libro negro" de Arsenal Leon









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La hoguera






El vivas fuego de la estufa producía un cálido efecto de hogar. Su parpadeante y tenue luz dibujaba distintas imágenes a lo largo y ancho de las paredes, transformándola en el escondite ideal de los mas variados personajes. Duendes, cabras y demonios eran algunos de estos visitantes nocturnos que, escondidos entre las sombras, la observaban desde lejos.
Las cortinas, bordadas con pequeñas flores de colores, danzaban suavemente al compás del viento a pesar de estar cerradas aquellas pequeñas ventanas de madera.
Una redondeada y gastada puerta del mismo material controlaba la entrada a su interior creando, junto con el antiguo pero muy bien cuidado amueblado, un ambiente acogedor y hospitalario.

El característico chasquido de las brasas sonaba por toda la casa mientras uno de los dos habitantes observaba atentamente esa sinfonía de sonidos y colores que su misterioso y brillante compañero ofrecía a esas horas de la noche.
Tirada con las piernas dobladas hacia el techo y su pequeña panza apoyada sobre la gruesa y suave alfombra que estaba junto a la estufa se encontraba una pequeña niña de no mas de diez años de edad.
Su cabello, largo y rubio, caía al costado de su rostro mientras el calor de la habitación pintaba de un delicado rosado sus pequeñas mejillas.
Sus verdes y enormes ojos, atrapados por la mística serenidad del fuego, eran el espejo de una vida tranquila y cargada de lindos momentos que, por algún motivo, no se vio perturbada cuando sus padres decidieron abandonarla pocos años después de nacer.

Como venia haciendo desde hace ya mucho tiempo, había esperado a que su abuela - una persona muy mayor y alegre - se durmiese para levantarse a hurtadillas y tirarse cerca de la estufa a escribir largas y apasionantes historias.
Desde muy joven la literatura fue su pasión. Acostumbraba ir a la biblioteca del pueblo al salir de la escuela, siempre y cuando no tuviese que ayudar en los quehaceres de su casa. Pasaba horas dentro de las paredes de aquella solitaria y enorme habitación leyendo la mas variada colección de libros, a tal punto que muchas veces la encargada, una agradable y dulce anciana amiga de su abuela, le tenia que pedir que se retire dado que era la hora de cerrar.
A pesar de su joven edad sus escritos tenían las características de los mas destacados escritores antiguos. Su muy peculiar estilo cautivaba al mas variado publico. Sus historias muchas veces precedían su joven edad tal era el caso que, en mas de una ocasión, se pensaba que era su abuela la que las escribía cuando, orgullosa, los presentaba en las mas conocidas editoriales del país.

Las horas seguían pasando. El sonido de aquel viejo reloj de pie reinaba en aquella silenciosa noche de invierno mientras los primeros copos de nieve comenzaban a teñir de blanco el bello paisaje que se dejaba ver por la ventana. El fuego ya se había transformado en un basta pila de tenues brasas que, al igual que ella, dormían apacibles una sobre otras.
En ese instante la abuela se levanta, como también venia haciendo todas las noches desde hace ya mucho tiempo. Le quita el lápiz de la mano y la cubre con una abrigada manta que había tejido con sus propias manos para que, apenas el sol ilumine la casa, su pequeña nieta se levante y valla corriendo a su cama con la esperanza que su abuela no la halla descubierto durmiendo en el piso...







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La biblioteca






Sentado en aquel viejo asiento de madera labrada que, más que un sillón parecía un trono real proveniente de la antigua Inglaterra, se encontraba él, indiferente, imperturbable y con su característica expresión de orgullo dibujada en su casi anciano rostro.
Sostenía una antigua copa de cristal en su mano derecha y un fino cigarro importado en la otra.
La habitación, o mejor dicho biblioteca, estaba iluminada por una tenue luz amarilla que imitaba a la perfección el resplandor de las velas. A su alrededor, cubriendo la totalidad del perímetro, se encontraban miles de libros, algunos tan antiguos que era prácticamente imposible abrirlos sin ver desintegrar sus arcaicas hojas.
En el centro de la habitación una gran mesa romana llamaba la atención de quien entrara. Su marco de madera pulida y su blanco y fino mármol central sostenían una antigua y bien cuidada lámpara de keroseno.
Por último un piso finamente dibujado a mano mostraba el rostro de lo que parecía ser un santo de la antigüedad, similar a esos que podemos ver esculpido en los ventanales de las más antiguas iglesias del mundo.

De pronto una veterana pero muy esbelta mujer irrumpe en la habitación. El eco de sus tacos contra las relucientes baldosas perturbaba la quietud que allí reinaba.
Él, sin siquiera voltear, le pregunta con una voz ronca e indiferente: ¿Que quieres ahora?
- Nada, solo busco un libro - responde ella con una delicada y falsa sonrisa en su rostro.
- Tómalo y retírate por favor... y cierra la puerta, no quiero que nadie me moleste hoy -
Después de unos largos minutos de silencio ella encuentra el libro que estaba buscando. Era un antiguo ejemplar de la literatura oriental con unas inscripciones en dorado en el centro de su tapa. Lo toma con sus dos manos y se aleja, cerrando violentamente la puerta.

Las horas pasaban y el seguía sentado en su sillón con la vista perdida en le vacío. De pronto 4 golpes a la puerta suenan a su espalda... pero el no responde ni una sola palabra.
- ¿Papá, estas ahí? – pregunta una suave y alegre voz... pero el sigue inamovible.
Una gran lágrima cae por si semiabierto y cansado ojo mientras limpia las cenizas de su quinto cigarro.
Toc toc toc – ábreme... ¿estas ahí? – vuelve a preguntar...
Después de unos minutos de silencio el sonido de los tacos se va alejando por el corredor mientras él observa el tintinear de una de las lámparas del candelabro central.

La noche había llegado. Por la ventana se dejaba ver una luna redonda, amarilla y hermosa que parecía mirarlo con una expresión triste, de esas que ponen los niños cuando les negamos alguna golosina.
El observa su reloj... eran mas de las 12 de la noche. Comienza a pararse lentamente mientras sus cansados músculos se recuperan después de estar horas inactivos. Se dirige a la mesa, enciende la lámpara de keroseno y extrae del cajón tres sobres.
En uno de ellos aparecían las inscripciones "Dr. Harbord" impresas justo debajo de su nombre. Lo abre y extrae una placa de lo que parecía ser su pecho, la coloca a contra luz y la mira detenidamente. Después de unos segundos la vuelve a guardar en el sobre dejándolo al costado de los otros dos.
Toma el segundo sobre y extrae de él un documento amarillento de varias páginas de espesor el cual, luego de cambiarse los lentes, lee detenidamente. Unos minutos mas tarde también lo vuelve a guardar en su correspondiente sobre.
Por ultimo toma el tercer sobre, éste de color blanco a diferencia de los otros dos que eran de un color mas amarillento, y mientras lee las inscripciones "Para Helene y las niñas" que había escrito con su propio puño y letra, extrae lo que parece ser una carta escrita a maquina. Esta vez sin terminar de leer completamente lo que había escrito decide volverla a colocar en su recipiente.

Entre tanto el reloj del pasillo deja oír sus lúgubres campanas indicando que ya son la 1 de la mañana.
Él acomoda los sobres y los deja justo debajo de la lámpara de keroseno, que ya estaba tintineando como resultado del poco combustible que le quedaba en su muy pulida base de cobre.
La noche inhóspita y fría lo observa desde lejos mientras el mundo entero duerme.
Casi sin pensarlo vuelve a abrir el cajón de donde había sacado los ya mencionados sobres y extrae un revolver de alto calibre. El negro color del acero junto a su recortado caño eriza sus blancos cabellos.
Luego de un momento lo deposita sobre la mesa y lo mira mientras nuevas lágrimas corrían por sus mejillas.
Vuelve a mirar a su alrededor y, después de asegurarse que la puerta esta cerrada, sopla la lámpara permitiendo que la fría oscuridad lo abrase por completo.
Unos segundos mas tarde un ensordecedor sonido congela el corazón de quienes se despertaron al escucharlo mientras el eco de aquel estrépito hace revolotear a las aves que se encontraban en los alrededores...







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El fantasma







Se inclinó y se miró en su cadáver como antes solía mirarse en el espejo. ¡Qué
avejentado! ¡Y esas envolturas de carne gastada! - Si yo pudiera alzarle los
párpados quizá la luz azul de mis ojos ennobleciera otra vez el cuerpo - pensó.
Porque así, sin la mirada, esos mofletes y arrugas, las curvas velludas de la
nariz y los dos dientes amarillos, mordiéndose el labio exangüe estaban
revelándole su aborrecida condición de mamífero.
-Ahora que sé que del otro lado no hay ángeles ni abismos me vuelvo a mi humilde
morada.
Y con buen humor se aproximó a su cadáver - jaula vacía - y fue a entrar para
animarlo otra vez.
¡Tan fácil que hubiera sido! Pero no pudo. No pudo porque en ese mismo instante
se abrió la puerta y se entrometió su mujer, alarmada por el ruido de silla y
cuerpo caídos.
- ¡No entres! - gritó él, pero sin voz.
Era tarde. La mujer se arrojó sobre su marido y al sentirlo exánime lloró y
lloró.
- ¡Cállate! ¡lo has echado todo a perder! - gritaba él, pero sin voz.
¡Qué mala suerte! ¿Por qué no se le habría ocurrido encerrarse con llave durante
la experiencia. Ahora, con testigo, ya no podía resucitar; estaba muerto,
definitivamente muerto. ¡Qué mala suerte!
Acechó a su mujer, casi desvanecida sobre su cadáver; y su propio cadáver, con
la nariz como una proa entre las ondas de pelo de su mujer. Sus tres niñas
irrumpieron a la carrera como si se disputaran un dulce, frenaron de golpe, poco
a poco se acercaron y al rato todas lloraban, unas sobre otras. También él
lloraba viéndose allí en el suelo, porque comprendió que estar muerto es como
estar vivo, pero solo, muy solo.
Salió de la habitación, triste.
¿Adónde iría?
Ya no tuvo esperanzas de una vida sobrenatural. No, no había ningún misterio.
Y empezó a descender, escalón por escalón, con gran pesadumbre.
Se paró en el rellano. Acababa de advertir que, muerto y todo, había seguido
creyendo que se movía como si tuviera piernas y brazos. ¡Eligió como perspectiva
la altura donde antes llevaba sus ojos físicos! Puro hábito. Quiso probar
entonces las nuevas ventajas y se echó a volar por las curvas del aire. Lo único
que no pudo hacer fue traspasar los cuerpos sólidos, tan opacos, las
insobornables como siempre. Chocaba contra ellos. No es que le doliera;
simplemente no podía atravesarlos. Puertas, ventanas, pasadizos, todos los
canales que abre el hombre a su actividad, seguían imponiendo direcciones a sus
revoloteos. Pudo colarse por el ojo de una cerradura, pero a duras penas. Él,
muerto, no era una especie de virus filtrable para el que siempre hay pasos;
sólo podía penetrar por las hendijas que los hombres descubren a simple vista.
¿Tendría ahora el tamaño de una pupila de ojo? Sin embargo, se sentía como
cuando vivo, invisible, sí, pero no incorpóreo. No quiso volar más, y bajó a
retomar sobre el suelo su estatura de hombre. Conservaba la memoria de su cuerpo
ausente, de las posturas que antes había adoptado en cada caso, de las
distancias precisas donde estarían su piel, su pelo, sus miembros. Evocaba así a
su alrededor su propia figura; y se insertó donde antes había tenido las
pupilas.
Esa noche veló al lado de su cadáver, junto a su mujer. Se acercó también a sus
amigos y oyó sus conversaciones. Lo vio todo. Hasta el último instante, cuando
los terrones del camposanto sonaron lúgubres sobre el cajón y lo cubrieron.
Él había sido toda su vida un hombre doméstico. De su oficina a su casa, de casa
a su oficina. Y nada, fuera de su mujer y sus hijas. No tuvo, pues, tentaciones
de viajar al estómago de la ballena o de recorrer el gran hormiguero. Prefirió
hacer como que se sentaba en el viejo sillón y gozar de la paz de los suyos.
Pronto se resignó a no poder comunicarles ningún signo de su presencia. Le
bastaba con que su mujer alzara los ojos y mirase su retrato en lo alto de la
pared.
A veces se lamentó de no encontrarse en sus paseos con otro muerto siquiera para
cambiar impresiones. Pero no se aburría. Acompañaba a su mujer a todas partes e
iba al cine con las niñas.
En el invierno su mujer cayó enferma, y él deseó que se muriera. Tenía la
esperanza de que, al morir, el alma de ella vendría a hacerle compañía. Y se
murió su mujer, pero su alma fue tan invisible para él como para las huérfanas.
Quedó otra vez solo, más solo aún, puesto que ya no pudo ver a su mujer. Se
consoló con el presentimiento de que el alma de ella estaba a su lado,
contemplando también a las hijas comunes...

Fragmento de "El Fantasma" de Andeson Imbert







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Realidades (II)







Niños muriéndose de hambre o frío
Mujeres siendo violadas
Jóvenes drogándose en la oscuridad
Personas sin lugar donde dormir
Hijos llorando por la desaparición de sus padres
Niños raptados por sus órganos
Campos devastados por dinero
Animales extinguiéndose por sus pieles
Burócratas mintiéndonos en nuestra cara
Fabricas contaminando nuestro ambiente
Prostitucion infantil
Familias separadas por las guerras
Adolescentes suicidándose
Padres alcohólicos
Madres vendiendo a sus hijos
Coches bombas
Médicos vendiendo órganos
Secuestros
Ancianos maltratados



¿Hasta cuando?







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El consejo






Era una fría noche de invierno. El viento soplaba furioso mientras la densa lluvia golpeaba el vidrio de su ventana. Tirada en su cama junto a una gran bolsa de sueños rotos yacía inerte como una estatua.
En sus lágrimas se reflejaba el rostro alegre de quien había sabido ser la base de su vida y promotor de sus nobles ideales. Recordaba aquellos bellos momentos que habían pasado juntos. Momentos que, por algún motivo, ella decidió interrumpir con su repentina partida.

Como toda joven había soñado con cambiar el mundo, con ser un ejemplo para la humanidad. Había imaginado un mundo donde todo fuese armonía, un mundo donde los niños jugaran alegres, un mundo donde las palabras hambre, miseria, pobreza y por sobre todo guerra no fuesen mas que representaciones abstractas de un pasado lejano y absurdo.

Esos ideales hoy se desplazaban en su cabeza como una vieja marquesina publicista. Lagrimas de diamantes mojaban su almohada mientras pensaba en todo lo que abandono para hacerlos realidad.
Buenos y feos momentos iban y venían a su memoria. Pero era aquel dolor por ver sus creencias abandonadas el que prevalecía, haciendo que en su rostro no se refleje el menor indicio de felicidad.

Cansada de sentir pena por sus decisiones encendió el televisor. Un informativo local cubría la noticia de la contaminación de un pequeño río que, además de ser fuente de trabajo para los habitantes de la región, constituía una arteria principal a nivel ecológico.
La indignación se apodero de su alma de tal forma que se paro de su cama enérgicamente y golpeo aquel viejo aparato tan fuerte que éste cayo del modular en el que se encontraba deshaciéndose violentamente contra el piso.

Pensando que ya nada se podía hacer por este mundo decidió buscar un nuevo trabajo, venderse al comercialismo y ser parte de una sociedad burocrática y consumista con la esperanza de obtener los recursos necesarios para volver a su ciudad natal y tratar de recuperar aquel tiempo que había pasado lejos de sus seres queridos.

Como era su costumbre se dirige a la cocina a tomar un vaso de agua antes de acostarse. A oscuras se desplaza como un sonámbulo, toma el primer vaso que su mano encuentra, abre la canilla y mientras llena aquel recipiente una sombra pasa rápidamente por detrás de ella acariciándole muy suavemente el pelo.
Un escalofrió recorrió su espalda haciendo que el vaso se escurra de sus manos.
Miro a su alrededor pero no vio a nadie. Un poco asustada se limito a encender la luz y al ver que la única alma en esa casa era la de ella comenzó a juntar los fragmentos de vidrio.

Una vez que termino de limpiar apago la luz y mientras se dirigía a su habitación escucha el crujir de las maderas del piso de su cuarto. El miedo se apodero de su alma dejándola petrificada por un instante. Sus manos, sudorosas, atinaron a tomar la cuchilla que estaba sobre la mesa y sin pensarlo comenzó a caminar hacia su dormitorio.
El jadear de una persona se dejaba escuchar desde su habitación haciéndola detener su sigiloso paso.
Temblorosa y muy asustada abrió la puerta y mientras trataba de encender la luz una voz grave, casi de ultratumba, le dice: "... No te molestes, no lo lograras..."
Rápidamente gira en dirección al sonido mientras una misteriosa figura sale de entre las sombras.
La luz de la luna que entraba por la ventana rebelaba una persona muy mayor... encorvada, vestida con antiguos y muy desgastadas vestimentas. Su pálido y arrugado rostro proyectaba una sensación de dolor e indignación mientras su viejo bastón lo ayudaba a mantenerse en pie.

"¿Quien es usted?" pregunta ella...
"Eso no es importante" le responde indiferentemente...

Sus vidriosos e incisivos ojos la observaban detenidamente mientras comienza a caminar lentamente a su encuentro. Asustada retrocede unos pasos pero enseguida recapacita y se detiene. El continúa avanzando y justo cuando parecía que la iba a pasar se detiene a su lado posando su fría y demacrada mano sobre su hombro.

"No te rindas" dice en voz baja mientras no quita su vista del oscuro vacío.
"No dejes escapar tus sueños" agrega mientras retoma su cauteloso andar.

De pronto el rechinar de las maderas del piso deja de oírse.
Ella, recobrando el aliento, voltea rápidamente solo para notar que aquella persona se había esfumado como cenizas en el viento.

Con el tiempo ella volvió a su ciudad natal. Visito a sus padres y hermanos. Compartió buenos momentos con amigos y por sobretodo regreso a los brazos de quien había sabido esperarla durante todos este tiempo.

Durante el correr de todos estos años ella nunca volvió a saber de aquel misterioso personaje. Muchas veces se pregunta si había sido real o si solo había sido producto de su atormentada imaginación.
Lo que no podía negar es que aquellas palabras habían repercutido muy fuerte en su cabeza devolviéndole la confianza que había perdido.
Hoy en día sigue luchando por aquello en lo que cree solo que esta vez no esta sola en su pelea.







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El parque






Era una cálida tarde de otoño, el sol iluminaba apacible sobre los árboles. Una dócil brisa acariciaba su delicado rostro mientras ellos jugaban libres...
El cantar de los gorriones y el suave ronroneo de las caducas hojas de los árboles seducían sus adoloridos oídos a la vez que las risas de los niños junto con el sereno sonido del viento la mantenían alejada de sus pensamientos, de sus tormentos.

Ella siempre venia a sentarse a este lado del parque. Miraba absorta como con tan poco los niños sonreían y saltaban unos con otros sin siquiera conocerse. Soñaba con algún día compartir su vida con alguien que la quisiera a pesar de sus errores y problemas mientras observaba como la vida se manifestaba alegre a su alrededor.

Las horas pasaban apacibles mientras el clima refrescaba más a cada momento. El viento, ahora un poco más fuerte, comenzaba a calar los abrigos mientras el sol se escondía lentamente detrás de los árboles.
Muchas familias comenzaban a emprender ya su viaje de regreso a casa quitándole a aquel parque parte de su mágica vida.
El correteo de los últimos niños se dejaba escuchar mientras ella se aferraba a aquel solitario banco como esperando que alguien viniera a rescatarla.

Pronto aquellas nubes habían ocultado por completo el sol transformando aquella bella tarde de julio en un día gris y sombrío.
Ahora el parque estaba totalmente desierto excepto por ella, que aun seguía sentada en su sitio. Su vista se perdía en el horizonte mientras el gélido viento proveniente del norte despeinaba sus largos y oscuros cabellos. En su mano un viejo reloj de bolsillo y una amarillenta carta dibujaban sinuosos caminos de lagrimas en su delicada piel mientras su rostro imploraba que el tiempo sea benévolo y cure las heridas que el pasado había tallado en su corazón.

El frenético correteo de un pequeño perro la distrajo por un momento de sus recuerdos pero en el instante que este desapareció de su vista aquellos recuerdos comenzaron a atormentarla nuevamente.
El sonar de las campanas de la iglesia y las bocinas de los siempre apresurados conductores sonaban de fondo pero esta vez nada lograba alejarla de sus penas.

Nuevas lágrimas caían de sus cálidos y apagados ojos mientras un golpe en su espalda la sobresalta, haciendo que se pare rápidamente.
Voltea y se encuentra nuevamente con aquel pequeño perro que, con ojos rebosantes de energía, la miraba fijamente mientras ladraba sin cesar.
Ella lo observo por un segundo sin decir una sola palabra hasta que éste comenzó a correr camino abajo deteniéndose cada tanto como si pretendiera que lo siguiera.
Sin más lágrimas que derramar y sin más motivos para quedarse sentada comenzó a caminar lentamente a su encuentro mientras aquel dulce y peludo animal iba y venia una y otra vez.

Al doblar la esquina lo encuentra jugueteando con algo que, a la distancia, parecía ser un viejo juguete que algún niño del parque había dejado olvidado.
A medida que se acercaba podía ver que aquello no era un juguete sino un pequeño zapatito de tela. En ese instante se hecha a correr y al llegar al lugar descubre el cuerpo de un niño escondido debajo de una espesa manta de caducas hojas.
Sin pensarlo lo toma entre sus brazos. Su piel, recubierta de moretones, rebela años de maltrato mientras su blanco y frío rostro dejaba ver que ha estado ahí durante horas.
Desesperada empieza a gritar pidiendo ayuda mientras lo abraza contra su pecho.
La gente comienza a amontonarse a su alrededor tratando de socorrerla pero la quietud de aquella joven alma comenzaba a confirmar sus mas oscuros presagios.
De pronto una tenue y seca tos dibuja una alegre sonrisa en el rostro de ella y de todos los que observaban aquella aterradora escena.

Hoy en día ella todavía sigue visitando el parque y como era su costumbre continua sentándose en aquel viejo y alejado banco que bien había sabido servir de soporte en aquellos días de tormento.
La única diferencia es que esta vez lo comparte con alguien más...







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La llegada






Las horas pasaban lentamente mientras el seguía esperando su llegada en aquel viejo bar de la esquina. El cálido ambiente del local contrastaba con aquel frío día de julio.
La gente pasaba corriendo por la ventana, cubriéndose de la copiosa lluvia a la vez que las primeras luces comenzaban a iluminar la desolada calle.
El sonido de la música añadía ese toque especial a una velada que hasta ahora venia postergándose más de la cuenta.
Entre tanto la segunda tasa de café llega a su mesa aplacando su ansiedad mientras aquel antiguo Citizen colgado en la pared marcaban ya las 19:15. Volvió su vista, tomo la cuchara y mientras revolvía su café saco el último cigarrillo de aquella arrugada y húmeda cajilla.

El nostálgico sonar de aquel viejo Steinway junto con la gastada voz de un desconocido y melancólico guitarrista cautivaban sus oídos distrayéndolo de su angustiosa espera. Sus temblorosas manos sostenían aquel retorcido cigarro que de alguna forma evitaba encender.
Dolorido tomo una servilleta y removió la humedad de la ventana para ver si la veía venir pero la densa lluvia, junto con la oscuridad de la noche, no le permitía ver mas aya de unos pocos metros.
De pronto el crujir de la puerta llama su atención mientras una joven pareja entraba al local.
El, al verlos entrar, bajo su vista y llevó el cigarrillo a su boca a la vez que sacaba de su bolsillo un sofisticado encendedor que le había regalado su hermano la ultima vez que lo vio.

Nuevamente aquel desarreglado veterano llamaba la atención con sus armónicos poemas. Esta vez con un tema de esos que hacen que todo el mundo gire su cabeza. Un dulce arpegio llenaba de calidez el alma de aquellas personas que habían decidido refugiarse de la lluvia en aquel escondido pero muy acogedor bar.
Viejos cuadros y antiguas botellas de vino y wiskey adornaban las paredes mientras el anticuado horno a leña calentaba el atestado aire del momento.

Una vez mas la puerta deja oír su característico chillido haciendo que él se vuelva para ver pero nuevamente no era quien esperaba. Casi sin darse cuenta volvió a llevar aquel cigarrillo a su boca pero esta vez si lo encendió mientras observaba la joven pareja que había entrado momentos antes.
De pronto los aplausos de la gente atraen su atención. Aquel viejo poeta se despedía de un cálido público que había sabido escuchar sus bien logradas letras y bellísimas melodías.

Un fuerte viento soplaba en aquella noche pero la lluvia había disminuido bastante haciendo que la gente comience a retomar el camino a sus hogares.
El vuelve a mirar su reloj y al notar que ya eran más de las nueve de la noche comienza a hacerle señas al mozo para que le traiga la cuenta.
Da una ultima pitada a su cigarro y, mientras se abriga para dejar aquel acogedor lugar, mira una vez mas a su alrededor con la esperanza de encontrar su rostro. Al no hacerlo sube el cuello de su gabardina, coloca las manos en sus bolsillos y comienza a caminar hacia su casa.

Minutos más tarde una delgada y bien arreglada joven llega al lugar y al ver que éste estaba cerrando toma su paraguas y comienza a caminar calle abajo...







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Desperdicios




Y ahí estaban... consumiendo sus penas bajo un puente olvidado por el tiempo, mientras aquel dulce humo se apoderaba de sus sueños... de sus esperanzas...
Un viejo tanque de latón calentaba el ambiente mientras la fría y cómplice noche los mantenía alejados del mundo real. Sombras del presente deambulaban en la oscuridad mientras las cenizas del pasado escribían su legajo en aquel libro que nunca nadie leería.

La danzante luz del fuego dibujaba rostros apagados, inertes... cada cual en su mundo, hablando su propia lengua. Lagrimas y risas se mezclaban formando un triste lamento cuyas almas entonaban al unísono.
Miradas perdidas, diálogos cruzados y falsas risas hacían de mediadores para una comunicación inexistente. Recuerdos de un futuro rasgado por el tiempo que, como sus vidas, contemplaban desde lejos.

"Porque me atosigas...?" grito uno a la oscuridad mientras el silencio ahogaba toda respuesta.
Agujas, hojillas y botellas de plástico aplacaban su dolor mientras, inconscientes, vendían sus descartables almas al mejor postor.
Otro estremecedor grito rompe aquella falsa armonía, haciendo que los espectros de la noche posen su vista sobre él. "Te odio" dijo, mientras observaba como sus lagrimas distorsionaban su reflejo en el agua.

Momentos del olvido dejaban imágenes de un episodio nefasto producto de la indiferencia y el abandono. Gemidos, chillidos y lúgubres cantos ambientaban la noche mientras el diablo afilaba sus garras esperando a su próxima presa.
Entre tanto el fuego del tanque se iba apagando lentamente, dejando lugar al gélido frío de la noche, frío que, sin pedir permiso, irrumpía en sus almas mientras la oscuridad llenaba de pensamientos sus atormentadas cabezas.

Las horas seguían pasando y los primeros rayos de luz comenzaban a aclarar el horizonte haciendo que muchos de ellos emprendieran su regreso a casa... pero ella decidió esperar...
Inseguridad, desesperación y desamor eran algunas de las palabras que se podían leer en sus ojos mientras anudaba una vez más aquella goma en su brazo.
El tiempo, testigo de su perdición, comenzaba a escribir su epitafio. "Perdónenme" repetía con su suave voz mientras la aguja rajaba su delicada piel.
Minutos más tarde la letal dosis hizo su trabajo haciendo que su cuerpo se derrumbe sobre el rocío de aquella fúnebre mañana de domingo.
El sonido de las campanas de la vieja iglesia resonaba más fuete que nunca mientras sus padres acudían a ella como lo hacían todos los domingos, sin darse cuenta que hoy rezarían por el alma de su hija...







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